DON JUAN TENORIO
(Fragmento del cuarto acto)
Cálmate, pues, vida mía; José ZORRILLA
reposa aquí, y un momento
olvida de tu convento
la triste cárcel sombría.
¡ Ah ! ¿ No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor ?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿ no es cierto, paloma mía,
que está respirando amor ?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares,
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador,
llamando al cercano día,
¿ no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor ?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿ no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor ?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse a no verlas
de sí mismas al calor,
y ese encendido rubor
que en tu semblante no había,
¿ no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor ?
¡ Oh ! Sí, bellísima Inés,
espejo y luz de mis ojos,
escucharme sin enojos
como lo haces, amor es;
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.